Whisky
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15 de Abril. Cine PYA. 22:30

Dirección: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Países:
Uruguay, Argentina, Alemania y España.
Año: 2004.
Duración: 94 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Andrés Pazos (Jacobo Köller), Mirella Pascual (Marta), Jorge Bolani (Herman Köller), Ana Katz (Graciela), Daniel Hendler (Martín), Verónica Perrota, Jorge Temponi, Alfonso Tort, Ignacio Mendy.
Guión: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll y Gonzalo Delgado Galiana.
Producción: Fernando Epstein.
Música: Pequeña Orquesta Reincidentes.
Fotografía:
Bárbara Álvarez.
Montaje: Fernando Epstein.
Dirección artística: Gonzalo Delgado Galiana.
Vestuario: Adelaida Rodríguez.
Estreno en España: 10 Diciembre 2004.

Montevideo Uruguay. Jacobo (Andrés Pazos) tiene 60 años. Desde la muerte de su madre, a quien cuidó hasta el último día, vive en soledad. Lo único en su vida es su modesta fábrica de medias, hoy casi en bancarrota. Marta (Mirella Pascual) tiene 48 años y trabaja para Jacobo desde hace 20. Es la empleada con más experiencia, oficia de supervisora, pero cumple funciones más allá de eso. Marta es la encargada de solucionarle la vida a Jacobo. Es su mano derecha. Ante la visita de su hermano, Jacobo le pide a Marta que se haga pasar por su esposa durante esos días. Herman siempre fue muy competitivo con su hermano y siempre ganó. Esta vez, Jacobo quiere por lo menos conseguir un empate

Sobre la producción

  «Julio de 2003. Hace mucho frío en Montevideo. Después de un día de rodaje, vamos al bar cercano a la locación por una cerveza. Somos: los dos directores, el asistente de sonido y el asistente de dirección.

  El asistente de dirección va a hacer una llamada. Vuelve y, con una voz monótona, nos cuenta que la agenda de rodaje para el día siguiente ha cambiado. Le preguntamos por qué y él nos miente. Él no debería mentirnos; es un amigo desde los días de la Universidad. Lo conocemos desde que tenemos 18 años. Le preguntamos qué pasó. Nos cuenta que el coche que usaríamos en la toma del día siguiente, coche que ya usamos en diversas tomas, ha sido vendido. El coche es un pedazo de chatarra que solo puede ser manejado por alguien tan descuidado como Jacobo, el protagonista del film. El técnico de sonido pregunta: “Quién podría comprar ese coche?”. El asistente de dirección toma un trago de cerveza y responde: “Un depósito de chatarra”.

CRÍTICA por David Garrido Bazán

Mínima historia, enorme película

  El año pasado por estas fechas, este cronista defendía con convicción que una de las mejores películas que habíamos tenido ocasión de ver en las salas españolas era "Un hombre sin pasado", una maravilla del director finlandés Aki Kaurismaki en la que, con su habitual estilo despojado y su mirada entre socarrona y tierna, nos ofrecía una desolada, y a la vez mínimamente esperanzada, visión de esta sociedad cada vez más globalizada que nos estamos construyendo. Sus personajes, desbordantes de una humanidad capaz de resistir las situaciones más atroces, con una entereza construida a partes iguales en la perfecta conciencia de lo que uno es y el lugar que ocupa y en la protección que ofrece la monotonía de sus vidas (más que nada por la ausencia de más opciones disponibles), acababan por convertirse en entrañables a los ojos del espectador, que se conmovía profundamente con cada pequeño pero vital logro de sus criaturas.

  Todo esto viene a cuento porque en un país tan remotamente distante de Finlandia como es Uruguay, que además no posee apenas tradición cinematográfica —en los últimos años sólo dos películas han llegado a nuestras pantallas, "El último tren" y "En la puta vida", ambas laboriosos trabajos de coproducción, como la propia "Whisky"— hay un par de jóvenes cineastas, Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll que, tras deslumbrar en varios festivales con su ópera prima "25 Watts" (lamentablemente no estrenada en nuestro país), han construido una pequeña gran maravilla que recoge a la perfección el espíritu de la obra del inclasificable autor finlandés y lo pone al servicio de una conmovedora historia protagonizada por tres personajes solitarios, a cuyas vidas nos asomamos gracias a la mínima anécdota argumental ideada por los autores, de la que posteriormente consiguen extraer todo un universo de poderosas sensaciones en el que se conjugan la tristeza del callado drama de unos personajes prisioneros de sus silencios, y a la vez la enorme ternura y humanidad que desprenden dentro de su fragilidad, todo ello aderezado de un finísimo y soterrado sentido del humor quizás no apto para todas las sensibilidades pero que hará las delicias de los espectadores de mirada más inquieta y menos conformista.

  "Whisky" se articula alrededor de únicamente tres personajes: Jacobo y Herman son dos hermanos judíos y cincuentones que hace años que no se ven porque el segundo emigró a Brasil y ahora vuelve a Uruguay para asistir a la exhumación de las cenizas de su madre, recientemente fallecida; y Marta, la madura empleada de confianza de Jacobo, que se presta sin dificultad a interpretar por unos días el papel de esposa ficticia de éste, gracias tanto al sentido de la fidelidad que siente hacia él como a que ve en ese juego de las apariencias una pequeña oportunidad de ver correspondidos sus sentimientos, largo tiempo disimulados bajo una mecánica relación profesional. Como ven, la premisa no es particularmente original, pero lo interesante de la propuesta de los directores es que, a diferencia de obras anteriores, "Whisky" no se centra en absoluto en la posibilidad de que se descubra o no la ficción creada por Jacobo y a la que Herman se adapta con facilidad, sino que lo que se busca es explorar las posibilidades de una historia donde los personajes tejen lazos entre sí basados en una serie de pequeñas mentiras, donde los silencios expresan las cosas de una forma muchísimo más elocuente que las palabras, y la brusca ruptura de la rutina diaria entre Jacobo y Marta da paso a una serie de pequeños descubrimientos de imprevistas consecuencias.

  Desde un primer momento los autores nos introducen en la monótona relación de Jacobo y Marta, que viven en esa desvencijada fábrica de calcetines una serie de automatismos creados a lo largo de años y años de fría relación profesional: la repetición de diversos momentos de unas jornadas laborales que son idénticas unas a otras, con sus rituales (la llegada siempre primero de Marta, el desayuno de Jacobo, la puesta en marcha de las máquinas, el té llevado a la oficina...), no es en absoluto caprichosa, sino que sirve a un doble y hasta a un triple propósito: mientras que, por un lado, establece con certera precisión esa existencia gris y oscura a la que ambos se han acomodado sin remedio, por otro, prepara al espectador para la importancia de los cambios significativos que en esa rutina existencial va a provocar el juego de apariencias forzado por la llegada de Herman, un personaje que también lleva sobre sus hombros su propia mochila de pequeñas mentiras y secretos, para finalmente dar testimonio de forma palpable de los cambios que se operan en todos ellos a raíz de los hechos que se narran en la película.

  Lo verdaderamente digno de alabar de esta estupenda historia es la férrea voluntad por parte de los directores de construir una mirada tan insobornable como personal, en la que la puesta en escena retrata de manera certera a los tres seres humanos que protagonizan la película, creando una unión indisoluble entre lo que se cuenta y el cómo se cuenta. En una propuesta tan radical como a contracorriente en el cine actual, "Whisky" consigue que sintamos el estancamiento vital de esos personajes gracias a que está narrada desde el único punto de vista de una cámara siempre inmóvil (no hay un solo movimiento de cámara en toda la película, toda una declaración de principios) que registra, plano fijo tras plano fijo, unas vidas amenazadas por una parálisis fruto de la represión de los sentimientos, de la tiranía de las convenciones y del silencio tácito y doloroso de los que nunca se atreven a romper el frágil equilibrio creado entre ellos expresando en voz alta lo que quieren, aunque sus acciones acaben siendo, como sus silencios, mucho más elocuentes que lo que dicen. Y para que la película no se resienta de la aparente frialdad de una puesta en escena tan desnuda y ascética, ahí está ese desarmante, inteligentísimo sentido del humor que se nutre del absurdo surrealismo de algunas situaciones, que nos acerca a los personajes y, por supuesto, la ternura y la humanidad con la que los autores ven a sus criaturas, en el fondo unos seres solitarios y desvalidos a la búsqueda de cariño y comprensión con los que no resulta difícil identificarse.

  Con todo, no conviene dejar de reseñar, pese a que transcurre en un segundo plano o, mejor dicho, como fondo que rodea a las cuitas de los personajes, esa mirada penetrante y un punto cruel que se hace a la gris realidad en la que viven sus miserias: no hay más que detenerse en la forma en la que está retratado ese desvencijado y roñoso negocio familiar o la constatación de que Piriápolis, esa especie de paraíso nostálgico en el que disfrutaron parte de su infancia los dos hermanos, es ahora un desangelado balneario en el que el paso del tiempo ha hecho tantos estragos como en los protagonistas, que no encuentran mejor manera de pasar el tiempo que asistir a un karaoke en el que tiene lugar una de las secuencias más relevantes y a la vez cómicas de la película. Retrato de fracasados de la vida a los que los directores tratan con un enorme respeto, "Whisky" es una muy inteligente película a la que, bien es cierto, puede que no resulte fácil acercarse, pero que, apoyada en tres magníficos actores en estado de gracia y en ese peculiar sentido del humor, se convierte por derecho propio en una de las más agradables sorpresas de la temporada, un tesoro que merece la pena descubrir en la cartelera.

  Para terminar, recordar que "Whisky" es la candidata uruguaya al Oscar® a la Mejor Película de Habla No Inglesa y al Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana, y que recientemente fue la triunfadora del Festival Iberoamericano de Huelva, donde se llevó el Colón de Oro a la Mejor Película y el Premio a la Mejor Dirección. En Cannes ya se había llevado el Premio FIPRESCI Mirada Original.

Calificación:

Fuente: http://www.labutaca.net/films/25/whisky.htm

 

  Es extremadamente difícil producir una película en Uruguay. Por supuesto, esta declaración se aplica prácticamente a cualquier país y continúa siendo verdadera. Pero en Uruguay es difícil producir cualquier cosa: manufacturados, por ejemplo, como se muestra en Whisky.

  Para hacer “25 Watts”, nuestro primer largometraje, tuvimos que inventar un modo de producción semicooperativo. En aquél momento, era la única forma de completar el proyecto. Para Whisky, y siguiendo la experiencia acumulada en la producción de “25 Watts”, parecería que tuvimos que dar un paso más allá.

  Whisky ha sido posible gracias al apoyo de individuos y empresas de diversos países. Aún tenemos la energía del mismo equipo de técnicos uruguayos que trabajó en “25 Watts”.

  Agosto 2003. Hace mucho frío en Piriápolis. En el pasillo de un viejo hotel, cerca de 40 personas están abrazándose. “¡Corten!” se ha gritado por última vez. Se acabó el rodaje. Ocho semanas en total, y ahora ha terminado. Todos han olvidado el destartalado coche y las noches frías. Algunos lloran; todos estamos cansados y emocionados. Algunos hemos sido amigos desde hace más de 10 años. Todos hemos soñado con producir películas en Uruguay. Hoy, hemos terminado de filmar la segunda. Todos sabemos lo difícil que es, pero en este momento, desearíamos comenzar a filmar otra, porque sabemos que cuanto más difícil, mejor es. ¿No lo creen?»